3.5. la sexualidad va más allá de una relación intimista "yo-tu" se mueve en un horizonte social.

Sirve para construir el “nosotros”, dentro de un clima de relaciones interpersonales cruzadas.  No por ser “personalista” el comportamiento sexual se convierte en una conducta “individualista” (…) La sexualidad no es un asunto que pasa entre dos, el comportamiento sexual se abre al nosotros social”.

3.5.1.     La sexualidad plena tiene que vivirse en situación conyugal.

a)     La primera apertura se da en la familia.  En ella el amor y la fecundidad –los dos sentidos inmanentes de la sexualidad humana- pueden realizarse.

El amor, en efecto, en su triple dimensión de “sexo”, “eros” y “ágape” (amor – don) tiene que ser indivisible (uno con otro) e irreversible (para siempre).  Nadie le dice a su esposa: “Te amaré por un año y tres meses”…

Se habla mucho del “amor libre”… ¿libre de qué?, ¿de responsabilidades?, ¿de consecuencias?... ¿abandonado al capricho y a la traición?

La conyugalidad es una invitación a lo definitivo, a la permanencia fiel, a la unión más profunda entre dos personas, a la encarnación del amor en los hijos, a una vida compartida en su totalidad.  No sólo las leyes del amor, sino también el bien de los hijos pide la estructura monogámica indisoluble.

Hablamos de las leyes naturales.  Los novios son libres para casarse o no, pero no para “descasarse”…, porque han entrado en una institución Natural que tiene sus leyes.  No es una Institución creada por un contrato libre; las leyes del matrimonio las dictó el Creador, por el simple hecho de hacernos varón y mujer.


El peligro número uno de la “revolución sexual”, es la ruptura de la relación entre sexualidad, amor y matrimonio, se está pasando del “matrimonio institución” al “matrimonio asociación”.


b)    La víctima de los hogares desechos son los hijos, pero indirectamente sufre toda la sociedad.  La ley civil debe proteger la estabilidad del matrimonio.  El “tú” y “siempre” exigen algún amparo social.  Todas las culturas, por otra parte, ejercen algún control sobre las manifestaciones sexuales, en vistas del bien común, fin de la sociedad organizada.

La misma biología apoya la estabilidad de la situación conyugal.  El hecho de la continuidad del impulso sexual –ausente en los animales que tienen su época de celo- contribuye, en los humanos, a la solidez de la pareja y asegura el cuidado de los hijos.  Los hijos vienen al mundo como partos prematuros.  Portmann, un biólogo suizo, decía que nacen como partos prematuros.  Portmann, un biólogo suizo, decía que nacen “con 18 meses de anticipación”.  Y eso es un hecho providencial, teleológico: tiene una finalidad, porque le proceso de maduración del cerebro, al darse fuera del seno materno, en el ambiente extrauterino mucho más rico, favorece el desarrollo del psiquismo humano.
Los hijos, además de romper el círculo cerrado de los esposos, les exigen a ellos un compromiso con la sociedad, por la historia que inauguran.


3.5.2.     El ejercicio de la sexualidad debe insertarse en el marco de las estructuras sociales.


a)     La pareja, que se beneficia de las estructuras sociales, debe lógicamente comprometerse con ellas, toda vez que es la célula de la sociedad. En una palabra, la relación sexual plena exige un proyecto de vida en común, socialmente reconocido.
Antes de casarse son revolucionarios de los que queman llantas para luchar contra las injusticias.  Una vez casados, de incendiarios pasan a ser bomberos… su familia se aburguesa se atrinchera en el bunker del hogar y se empobrece.


La familia se construye abriéndose

b)    De esta dimensión social se deduce una consecuencia: la sociedad tiene el derecho y la obligación de ejercer cierta vigilancia sobre las manifestaciones de lo sexual, en el campo del pudor, por ejemplo, en vistas del bien común.  Pero en esto hay que tener en cuenta que “las manifestaciones del pudor social” estas sometidas a la variabilidad de los tiempos y de las culturas”,  como nos enseña la etnología.  El pudor, la vergüenza es “como la defensa psicosomática de la intimidad personal, cuando está amenazada”: revela la voluntad de no dejarse poseer como objeto.  La persona quiere ser visita como persona y no como sexo.

Un humorista norteamericano ha escrito, no hace mucho, que para la vista del “play-boy” la hoja de parra ha cambiado de sitio: lo que ahora cubre es el rostro de la mujer…

Repetimos sin embargo que “existe gran flexibilidad en la barrera del pudo.  No es la cantidad de ropa lo decisivo”.

Garaudy afirma haber encontrado más pudo y santidad en los campos de nudistas que en muchos ambientes “decentes” llenos de hipocresía.  Con todo, el vestido no se abandona tan fácilmente: salvaguarda la dignidad personal, crea cierta distancia y conserva una saludable tensión  entre los sexos.  Estímulos eróticos excesivos acaban incluso por causar inhibición.

Hay un erotismo que “elimina toda la dimensión humana del eros” y la preocupación se centra en lo físico, en el placer egoísta, para conseguir con la técnica más eficaz la mayor satisfacción posible.  El cuerpo no es lugar de cita, ni sendero de comunión, sino un simple pedazo de carne que alimenta y sacia la soledad y el vacío interno.  Y el mismo sujeto que así lo ofrece se destroza como persona, pues lo entrega como una vulgar mercancía a quien vaya pagando mejor.

c)     Los MCS si son prudentes, debieran “contar con la inmadures y la fragilidad de los niños, jóvenes y otras personas débiles en lo humano”.  Pero todos, no solamente los niños tienen derecho a no verse perturbados por ciertas exhibiciones eróticas que resultan provocantes, porque rayan en lo obsceno y pornográfico.  La pornografía presenta un material erótico deshumanizante que estimula fuertemente la imaginación y excita los instintos ya por sí difíciles de dominar.  Rebaja el sexo y lo reduce a simple pasto de la curiosidad erótica

Sin suplantar la libertad la libertad con la ley, corresponde a la censura controlar los excesos, cuando existe una agresión continua al derecho de tranquilidad afectivo-sexual que tiene la gente, y cuando corre peligro de degradarse los valores humanos del amor y la sexualidad.

Sin embargo, en una época de tanta permisividad no fácil de controlar y de frenar, sin descuidar la responsabilidad social, hay que insistir más en la responsabilidad personal.  En una palabra, hay que educar la mirada y lograr una madurez sexual que sea capaz de resistir todas las embestidas del ambiente.

Ahora que ha llegado la pornografía electrónica, ya no hay posibilidad de controlar su invasión.  El ávido de sexo puede tener imágenes de modelos, desnudarlas y manipularlas en su casa, según las necesidades de sus fantasmas.


Es el “porno interactivo” hech0o a la medida de cada uno, que va creando enfermos mentales, personas frustradas, resentidas, amargadas, nihilistas… sin valores por los cuales valga la pena quemar la vida.