3.3. El problema de la sexualidad

3.3.1.     La distinción varón – mujer

  1. La esfera biológica
La dimensión sexual afecta en primer lugar la esfera biológica.  Pero va más allá de la mera genitalidad: no se ciñe a los órganos genitales y a todo lo que está vinculado a la generación.  La inmensa mayoría de las células del cuerpo son sexuales: se distinguen por el cromosoma sexual o “gonosoma” (XX para la mujer y XY para el varón),  accesibles al microscopio electrónico.  El varón es macho todo él y la mujer es hembra todo ella, en su misma constitución bioquímica.  El sistema hormonal presenta aspectos típicos que influyen notablemente en el comportamiento.  La programación genética y las hormonas (masculina y femenina) se encargan de masculinizar o feminizar todo el organismo.

  1. El aspecto psicológico
La distinción fisiológica implica también una distinción en la manera de ser y de actuar del varón y de la mujer, una distinción sicológica o, por lo menos, un matiz, una tendencia diferencial.
En la actitud existen de hecho marcadas diferencias sicológicas.  Pero no es fácil precisar si una determinada diferencia sicológica proviene de la naturaleza y su legitimidad.  Porque el ser varón o ser mujer no pertenece solamente al universo  bio-síquico, sino también al universo socio-cultural.

Algunos autores sostienen que es la historia la que, dando determinados oficios al varón y a la mujer, modeló la personalidad y causó las diferencias: éstas son una creación cultural.

Otros insisten en que, si bien la cultura puede determinar muchos aspectos, en el fondo la diferencia sicológica es un efecto estructural.

Porque –sobre todo en la reproducción y la educación de los hijos- el varón y la mujer desempeñan papeles imposibles de cambiar, tareas que se fundamentan en las diferencias corporales y éstas comportan dos tipos de disposición síquica en el comportamiento y actitud.  Biología y cultura se influyen mutuamente en la diferencia sexual.

Estamos profundamente condicionados, o mejor, configurados por el sexo; percibimos, sentimos, pensamos y queremos como varón o como mujer.  Cada uno de nosotros se relaciona con el mundo y entra en comunión con los demás desde su modalidad concreta, masculina o femenina.
Se suelen señalar algunas características masculinas y otras femeninas, que dependen de la herencia por lo menos tanto como del aprendizaje.  Presentamos un cuadro esquemático, sin matices.

CARACTERÍSTICAS

VARON
MUJER
Actitud centrífuga, más activa, más voluntarista.
Actitud centrípeta, más receptiva, más sensitiva
Predomina el pensamiento conceptual
Predomina la intuición, y la imaginación
Vive en el mundo de las cosas y tiende a transformarlas.
Vive en l mundo de las personas.  Cuida de los seres vivos.
Vive en el mundo abierto de lo lejano y futuro
Vive en el mundo de lo cerrado de lo próximo y presente
Sexualidad centrada en los genitales
Sexualidad difusa, más espiritualizada
Ética del “deber”
Ética del “amor
 ALGUNOS AÑADEN
Mayor interés por lo fundamental
Mayor interés por lo accesorio.
Tendencia a las decisiones rápidas
Tendencia a la vacilación, a la duda.
Elabora más rápidamente las pérdidas afectivas.
Elabora más lentamente las pérdidas afectivas

Pero estas características, aparentemente antagónicas, admiten una gama amplísima de tonalidades intermedias.  Y varían según las culturas, las costumbres de los pueblos, la concepción de la vida, el temperamento de cada uno, etc.
La mayoría de estas actividades se aprenden: aprendemos a ser varón o mujer.

Los sexos son complementarios, no son iguales.


Como criterio pensamos que se ha de aplaudir la conquista de la dignidad de su sexo que está haciendo la mujer, pero se ha de pronunciar un NO a una falsa igualdad de los sexos que “a fuerza de mimetizar a la mujer con los roles masculinos, la hacen repudiar o renunciar a las vitales funciones de la maternidad”.


3.3.2.     Diversas interpretaciones de la sexualidad

Como la sexualidad es un aspecto de la persona, la interpretación de su significado humano depende de la “antropología”, de la concepción del hombre que tenga cada uno.
Podríamos señalar cuatro interpretaciones diversas.


  1. Interpretación cientista, materialista y agnóstica 
Para esta interpretación no existe lo que escapa a un estudio puramente científico-positivo; por lo tanto “pierden significado y valor los aspectos propiamente humanos de la sexualidad, como los aspectos sicológicos, afectivos, sociales y espirituales”.  Sólo interesan los mecanismos anatómico-fisiológicos del sexo (lo genital) y un uso higiénico de la función sexual.


  1. Interpretación hedonista
Esta interpretación no hace sino sacar las consecuencias de la primera: invita a conseguir el máximo placer sexual, al margen de toda normal social, moral o religiosa, sin limitaciones ni inhibiciones de ninguna clase.
Lo único que interesa son las técnicas que llevan a disfrutar al máximo del sexo.  “El sexo ya no está en función de la persona y de sus objetivos humanos, sino que la persona está en función de las sensaciones fisiológicas e instintivas del sexo”.  La escuela de Frankfurt y el pensamiento de Reich están en esta línea.


  1. Interpretación antropológico-cultural
“Según esta concepción (…) las normas que regulan las costumbres y las conductas sociales no serían naturales y primarias, expresión de la estructura del hombre, sino (…) originadas por la sociedad y la cultura y, por tanto, mudables como los modelos socioculturales (…).  Cualquier norma, incluso en el terreno sexual, sería relativa”.


  1. Interpretación personalista 
Considera la sexualidad como un aspecto esencial y fundamental de la persona, pero no el más elevado en la jerarquía de valores; un aspecto que es necesario integrar y desarrollar en el conjunto de factores que comparten la personalidad.
Se trata de poner la sexualidad al servicio de las relaciones interpersonales.
“Esta visión personalista (…) recibe más luz y consistencia cuando se inserta en la concepción cristiana del hombre y su destino”.
Es la interpretación que seguiremos, para descubrir el significado del dinamismo global de la sexualidad.

“El sexo se vive en función del sentido que consciente o inconscientemente uno quiere dar a su persona”