4.1.La Bioética como fenómeno Cultural de actualidad


Bioética: nacimiento y semántica del término

El término Bioética (del griego bios = vida, y ethos = ética) es un neologismo que etimológicamente significa ética de la vida, o también ética de la biología.  Una de las batallas de la bioética va a consistir precisamente en determinar a qué clase de vida se refiere o si ha de aplicarse a alguna especie de vida en particular.  Fue utilizado por vez primera en 1970 por el oncólogo Van Rensselaer Potter en un artículo titulado “Bioethics: the science of suvival” (Bioética: la ciencia de la supervivencia).  Consolidándolo en 1971 en un monografía titulada “Bioethics: Brigde to the future” (Bioética: puente para el futuro).  Bajo la denominación de bioética Potter propuso la creación de una nueva disciplina intelectual cuyo objeto formal sería el problema de la supervivencia de la humanidad sirviendo de puente entre la ética clásica y las ciencias de la vida tomando la vida en el sentido más amplio de la palabra.

Bio, explica Potter, se refiere al conocimiento biológico, a la ciencia de los sistemas vivientes.  Ética, en cambio, representa el conocimiento de los sistemas humanos de valores.  Bioética, pues, se referiría a una disciplina racional aplicada a los proceso vivos.  El término bioética fue acuñado por Potter atribuyéndole un significado muy amplio que será recordado por Hellegers y los profesores de la Georgetown University.

Pero existe otro personaje clave para entender la polarización del enfoque actual de la bioética, por parte de los moralistas.  Se llama H. Tristam Engelhardt.  El rigor lógico de esta obra exige que volvamos más tarde expresamente sobre estos tres autores para examinar críticamente sus enfoques respectivos de la bioética habida cuenta de su repercusión en los bioeticistas posteriores hasta nuestros días.

Por lo que se refiere al uso del término en relación con su actual contenido doctrinal,  recordemos también que las bases de la nueva disciplina habían sido ya expuestas por Daniel Callahan y Willard Gaylin allá por la década de los años sesenta en el contexto fundacional de los problemas éticos que se planteaban por aquellas calendas de forma dramática en el campo de la investigación científica y de la experimentación biomédica.
Antes de la expresión actual de la manipulación genética, de la que hablaremos en su momento y lugar propios, se empezaron a denunciar abusos clamorosos en el campo de la experimentación con seres humanos.  La bioética nació así al rescoldo de estas experimentaciones como guardiana del futuro del hombre.  Estaba en juego la propia sobrevivencia de la humanidad.

Ante el creciente poder manipulador de la vida humana por parte de muchos científicos se puso al rojo vivo la cuestión de fondo sobre sí todo lo que es técnicamente posible puede ser éticamente justificable.  La bioética se perfilo así como la disciplina ética encargada de mantener vivo el sentido de responsabilidad frente a las intervenciones biomédicas en el sentido más extenso de la palabra.  El descubrimiento del ADN  después de la segunda guerra mundial por Francis Crick y James Watson y la carrera de la manipulación genética, cuya etapa actualmente más fascinante se cierne sobre el genoma humano, fueron como rocío de gasolina sobre el fuego para el desarrollo de la bioética.

La consolidación de la bioética ha sido ascendente y gloriosa a pesar de los temores iniciales y los sustos constantes que provoca.  En el siglo XXI la bioética tiene la exclusiva del futuro genético de la humanidad, que los científicos tratan de controlar mediante incursiones sobre el Genoma.  Y en el campo de la reproducción humana los últimos resultados de las técnicas de clonación de animales autorizan a pensar que la bioética es un campo  sin puertas en el que cosas que en el pasado pertenecían a la ciencia ficción, en un futuro próximo entrarán a formar parte, para bien o para mal, de la realidad cotidiana  y vulgar.

4.1.1. Consolidación de la bioética como institución científica, académica y sanitaria.

La década de los años 1960 fue decisiva.  En las universidades católicas, sobre todo norteamericanas, se extremó la sensibilidad por las cuestiones biomédicas y su trato pastoral.  Ante los avances de la biología y la experimentación creciente con seres humanos surgió la gran cuestión sobre la salvaguardia de los valores humanos en el campo de la medicina y de la asistencia sanitaria.  En la base de esta preocupación están los numerosos y específicos discursos de Pío XII a los médicos y al personal sanitario.  Sin olvidar las prácticas nazis como motivo caliente de revulsión todavía por aquellas calendas.  Esta época es considerada como la prehistoria o primera piedra visible, pero sólida, de la actual bioética.  Obviamente, con este clima cultural la bioética es preconcebida y contemplada dentro del marco de la ética y de la teología moral.

Hemos dicho que el acuñador del término bioética fue Van Renselaer Potter, y el diseñador académico efectivo y divulgador en los medios de comunicación, André Hellegers.  El equipo académico pionero, pilotado por Hellegers, tuvo la oportunidad de debutar como promotor de la bioética en la Universidad de Georgetown de Washington a partir de 1971, cuando se creó en aquella universidad el Instituto para el Estudio de la Reproducción Humana y la Bioética bajo el patrocinio de la Fundación J. P. Kennedy. 

El centro de bioética de dicho instituto fue confiado a la dirección del teólogo protestante Leo Walters en el ámbito de la Facultad de Medicina y de Filosofía.  Los estudiosos y profesores de este centro alcanzaron rápidamente prestigio por el enfoque interdisciplinar de sus trabajos, en los que se afrontan los problemas humanísticos desde la medicina y la biología, la sociología y la filosofía así como el derecho y la teología.


En la actualidad la bioética es una institución cultural mundial.  En todos los países desarrollados existen cátedras, centros de investigación especializados en bioética en el ámbito biomédico y farmacológico así como en clínicas de reproducción humana artificial.  El prototipo más emblemático de actividad investigadora en el ámbito de la bioética se refiere a la manipulación genética, cuya culminación es el denominado Proyecto Genoma.