3.6. la sexualidad es ambigua , para ser humanizante debe excluir toda forma de libertinaje



a)     La sexualidad es una cosa buena, pero el hombre puede usar mal las cosas buenas.  El cuchillo, que sirve para compartir el pan de la mistad, puede convertirse en el puñal del asesino.
El P. Fabbri escribió un artículo con este título: “La sexualidad, un lenguaje de vida”.  Pero tuvo que añadir enseguida: “¡Cuántas veces pasa a ser un lenguaje de muerte!”

Decir que la sexualidad es ambigua significa afirmar que “no alcanza automáticamente su finalidad, si no interviene la cooperación responsable del hombre”.  Es un lenguaje de entrega y generosidad, pero también puede convertirse en medio de placer egoísta, de dominio y de violencia.

Si es cierto que en torno a la sexualidad se han escrito maravillosas páginas de amor, también es cierto que se han realizado páginas tristes de violencia, de agresión, de atropello a derechos humanos fundamentales.  Pensemos en las violaciones, en el uso que se hace de la mujer en la publicidad y en todas las formas de machismo.  ¿Dónde queda el respeto al carácter personal del otro?  Toda cosificación es inhumana, tremendamente destructora de la persona.

Sir Laurence Olivier pudo decir de Marilyn Monroe: “Marilyn ha sido explotada hasta más allá de lo imaginable”.  Dos semanas antes de suicidarse Marilyn declaró en un reportaje: “Algunas veces me invitan a sitios para adornar la cena, como si  se invitara a un músico, para que tocara el piano después de la cena.
Y una se da cuenta de que no es invitada por sí misma, sino que es considerada como un objeto de decoración”
Ciertos “machitos” que andan sueltos, tratan a las mujeres como pañales: “úsela y tírela”.

b) ¿Por qué los programas baratos de cine y televisión (los comerciales) vinculan estrechamente hechos de violencia y actitudes sexuales de erotismo egoísta y a menudo pornográfico? ¿No será que tarde o temprano el sexo sin amor conduce a la muerte real o simbólica, realizada en un clima de violencia? Si falta el amor, seducción y violencia van fatalmente acollarados.  Incluso anatómicamente, en el tronco cerebral los centros del sexo y de la violencia están muy próximos.  Excitando el uno despierta el otro  ¿Lo sabría el Marqués de Sade?  Por lo menos… ¡lo vivía!
Llega el momento en que el que cede a los impulsos no es capaz de postergar ningún deseo.  La razón es clara: en la sexualidad se alcanza un placer sensible muy agudo, que pide repetición inmediata y obsesiva, sin que importen los valores personales.

Por algo Freud insistía en que es preciso conciliar el “principio realidad” con el “principio placer” (la libido).  Y no sabemos si Juan pablo II pensaba en Freud cuando el 5 de noviembre de 1980 dijo algo parecido: “Es necesario conciliar lo erótico con lo ético”.

3.6.1 No se debe confundir sexo con amor

Hay una expresión ya consagrada por el uso: “Hagamos el amor”..., y se refiere al acto sexual.  El amor o existe o no existe, no se puede “hacer” con el coito.  El sexo no origina amor: es mediador, expresión del amor, requiere amor, pero en sí no es amor.
El amor es mucho más amplio.  ¿Qué es? Es más fácil sentirlo que definirlo.  Digamos que, en los casados, es la comunión integral de dos personas, una relación de integración plena, física, psicológica y espiritual.

3.6.2.     El amor es algo más que un sentimiento.

a)     Es un sentimiento, sí en sintonía que no tiene explicación, algo imprevisible, juguetón, que pone en marcha la emotividad y provoca el enamoramiento.  En él entran en juego los valores de atracción del otro o de la otra; la belleza, la riqueza afectiva, la inteligencia, éstos a veces ejercen una fascinación irresistible (to fall in love).  La atracción puramente sexual queda integrada, transformada, embellecida por el “eros”.  Es una etapa en la que los novios se conceden todo, se perdonan todo… y hasta los vicios del otro parecen virtudes excelsas.  El enamoramiento posee un encanto que no debería desaparecer nunca del corazón de la pareja.
b)    Pero es un sentimiento frágil, inquietante, huidizo, que se esconde y reaparece, que así como llega puede esfumarse. ¡Cuántos hay que se “enamoran” o “desenamoran”  al unísono de sus sentimientos!  A veces los enamoramientos son como fuegos artificiales, se encienden, derraman un poco de luz, hacen más o menos ruido y luego se apagan, para dejar como reliquia ingrata un poco de polvo negro que el viento se llevará.  Los sentimientos son como yoyos, suben y bajan alternativamente según por donde vayan las hormonas.  Como cantaba aquel tango: “Hoy un juramento, mañana una traición, amores de estudiante flores de un día son”.  Los que se casan en la borrachera del enamoramiento sin haber profundizado el amor no ofrecen garantías de futuro.
c)     Para superar la crisis que se da sobre todo en los casados, debe reforzarse el eros como el “amor de amistad”, la filía de los griegos que, para el cristiano llegar a ser ágape, don gratuito del Padre, por Cristo en el Espíritu.  La filía o ágape es la libre elección recíproca, por la cual cada miembro de la pareja acepta al que ha elegido “tal cual es”, asume su existencia y se compromete” su último retoque integrador y el vínculo cobra solidez definitiva.


Podríamos resumir en tres frases estos tres niveles que deben integrarse:

      El sexo dice: “Me gusta usted por tener ese cuerpo”.          
      El eros es más amplio: “Usted me gusta por ser así”.          
      Y el ágape va más lejos: “Usted me gusta por ser usted”.   


Son también tres etapas de la evolución, con alguna diferencia entre varón y mujer, el muchacho despierta primero hacia el “sexo” después al “eros” y el eros se profundiza en la amistad, el “ágape”, la chica, en cambio primero despierta al “eros”, el cual se profundiza en el “ágape”.  Más tarde despierta al “sexo”.  Se sabe que muchas mujeres alcanzan el orgasmo después de algún tiempo de vida conyugal.  Esto sin embargo es relativo.  Masters declara que “hay matrimonios fantásticos sin ningún sexo”, y otros “que sólo se mantienen a causa del sexo”.

d)    La madurez afectiva exige que el amor sea ofrenda de sí al otro, cada vez más gratuita, siempre más desinteresada: exige ir más allá de la atracción y el deseo.
 El amor significa la afirmación, no la posesión del amado, tiene que ser liberador, no posesivo, manipulador., “Tú tienes que conservar tu libertad de tener tus propios sentimientos, de pensar tus propias ideas y de tomar tus propias decisiones.  No viniste la mundo para cumplir mis expectativas”.

e)     El compromiso es cosa seria.  Chicas y muchachos inmaduros, sin experiencia, hacen juramentos bajo el influjo de fuertes emociones o reacciones físicas que a la mañana siguiente, después del desayuno, suenan a huecas.  Ella, la mujer sobre todo, regresa a su soledad, desengañada, sin protección, y le costará volver a empezar.
Compromisos prematuros, promesas “de marinero”… dejan heridas que tardan en cicatrizar.

El matrimonio no es ni un cielo ni un infierno: es un estado para gente afectivamente madura.



Rommy Schneider, ex-esposa de Alain Delon, poco después de haberse separado de él, entrevistada por la revista argentina “GENTE”, sobre la causa de su divorcio respondió: “Alain nunca va a ser feliz con ninguna mujer, simplemente porque hasta ahora nunca estuvo oportunidad de salir de su egoísmo y comprender que la gente, alrededor suyo, también existe, sufre y espera”.
Romy se suicidó pocos años después.

f)     El amor verdadero, además, es incondicional.
Un ama de cada relataba que el amor de su marido le parecía estar condicionado a que tuviera la casa limpia y ordenada.  Ella sostenía que necesitaba saber que él la amaba estuviera o no la casa limpia con el fin de tener fuerza necesaria para mantener la casa aseada.
Sólo un amor incondicionado por ambas partes ayuda a cambiar y a desarrollarse.
Otra condición, fatal para el compromiso, es ponerle un límite de tiempo.  No.  El amor es para siempre.  Hay que ser ciego para entregarse a un compromiso que tiene muchas notas al pie del contrato.

El amor tiene que convertirse en ternura, esa actitud de afectuosa preocupación por el otro, esa actitud que todo lo espera, todo lo cree, todo lo sufre en relación al otro.

La ternura la que la libera la sensualidad del peso del egocentrismo y de la lugacidad de lo momentáneo: humaniza la sensualidad sin mutilarla.

La ternura se expresa en el cariño –que no es lo mismo que las caricias-  el cariño es el lenguaje de la ternura.  Todo esto incluye una buena dosis de ascesis, de renuncia, de autodominio.

3.6.3.     La sexualidad no es una máquina de placer.

a)     El sexo implica placer, va acompañado de placer.  El sexo sin placer está enfermo.  Pero el placer no es la finalidad de la relación sexual; el verdadero fin de la relación es la persona del otro,  la otra persona.  Si se la considera principalmente como fuente de placer, se priva la sexualidad de su capacidad de donación, de entrega, se la convierte en expresión de egoísmo y el otro acaba por ser un objeto.

Victor Frank añade que el placer se destruye y se malogra en la medida en que se convierte en el “fin” que uno persigue en la relación. 
Dice textualmente: “Cuanto más intenta el varón demostrar su potencia sexual o la mujer, su capacidad de sentir el orgasmo, menos posibilidades tienen de conseguirlo.

b)    El placer tiene que seguir siendo un efecto o un producto secundario de la relación, porque tiene sus peligros: es como el comer.  El comer para reparar las fuerzas proporciona un placer; pero el comer por placer, haciendo del placer un fin…, acaba en un dolor de estómago o en una afección al hígado.

Para alcanzar un valor superior hay que renunciar a otro inferior.  Por ejemplo, el valor “salud” exige dejar, comilonas, alcohol, cigarro, droga… Tal renuncia no significa una represión, sino una jerarquización de valores.  Lo agradable y lo placentero representa un valor.  Pero éste remite a un valor más alto.

Quedarse con el placer sexual y centrarse en él es como saludar a una persona darle la mano y retener la atención en la suavidad o aspereza de la mano, en la temperatura de la mano, pero olvidando la persona y el sentido del gesto que hacemos.
Un joven recién casado, en una reunión de universitarios dijo mirando a su esposa: “Si yo busco mi placer en el acto sexual, tú comienzas a ser una cosa”.

El placer sexual hace agradable el acto sexual, pero si se lo busca como fin deteriora a la persona.  Si se considera la sexualidad como una máquina de placer, acaba por triunfar en sus engranajes la misma posibilidad de amar.

Sintetizando el placer no es la felicidad.  La felicidad tiene mucho más que ver con el amor que con el sexo.  Más que jugar con el gesto sexual, hay que tener en cuenta que la persona se juega en el gesto sexual”.

3.6.4.     Planear el abuso del sexo es tan inmoral como ejecutar el plan.

El Dr. Chauchard, desde la psicofisiología afirmó que “el órgano sexual más importante del hombre es su cerebro…”, no la médula espinal y los genitales.  Se entiende, “el cerebro animado por la inteligencia y la voluntad”.  De {el parten las decisiones, del “papá cerebro”.

Lo planificado “desde arriba” –ese programita de fin de semana con la mujer del vecino- es tan inmoral como la ejecución del acto.  La intención y la ejecución son como la parte interna y externa del proceso.  La ejecución a veces fracasa, se frustra por algo imprevisto.  Sin una nueva decisión.  Sólo una mentalidad infantil podría concluir que no hubo pecado porque no sucedió nada.

La prioridad ética de la intención es una característica de la moral evangélica: “Del corazón del hombre salen las malas intenciones: prostitución, robos, asesinatos, adulterios…” (Mc 7, 21).  Y “el que mira a una mujer con deseo libidinoso ya cometió adulterio en su corazón” (Mt 5, 28)
La infidelidad está mucho más en el corazón que en la relación sexual.  Incluso hay deslices graves que no significan rompimiento interior.  En éstos hay más debilidad que malicia.  Hay que educar la imaginación, la “loca de casa”.  No olvidar que el paso de “soñar” al “planear” es pequeño.  Ser sincero consigo mismo y vigilar.

3.6.5.     Concluyamos: el ideal es una sexualidad plenamente humana y racional.

Es decir, el ideal es una sexualidad ordenada y libre, no desordenada y egoísta abandonada al instinto ciego.
Para que el acto sexual sea humano debe vivirse no de una manera compulsiva, siendo prisioneros de deseos incontrolables, sino en la riqueza del deseo libre, nacido del dominio que uno tenga de sí mismo, controlando la libido, la energía sexual y los dinamismos que ella desencadena.

El egoísta necesita del otro, pero solamente como un espejo que le devuelva su propia imagen.  Narcisismo puro.  Porque no ama al otro, sino la sensación agradable que el otro le produce.  El denominador común de todos los comportamientos sexuales desordenados es el egoísmo.  No es tarea fácil vencerlo.  El egoísmo muerte un cuarto de hora después de uno y hay que luchar hasta el fin.

Si se vive el sexo en un diálogo generoso, el amor  crece sin cesar haciendo siempre más felices a aquellos que lo viven.  Nunca se ha de separar la sexualidad del amor.

Sólo que esa palabra de cuatro letras amor ampara y nombra una fauna emocional variadísima; muchos hablan de amor, cantan amor, lloran amor, se abrazan o se pelean por amor, matan o dan la vida por amor… pero nunca han comprendido en qué consiste el verdadero: no han comprendido que el secreto más profundo de la aventura humana para que sea noble y fecunda es el don de sí mismo.