Introducción

ÉTICA DE LA PERSONA 

La Ética es una disciplina práctica,  estudia la dimensión práctica o la praxis del hombre con respecto a la cualidad de la moralidad o normatividad.

El objeto material de la Ética entonces es el obrar humano, es decir, los actos humanos.  Pero hay muchas otras ciencias que se dedican al estudio de actos humanos, como la biología (digestión, movimiento), la sociología (relaciones humanas), la economía (transacción de bienes y dinero), la politología (formación de organizaciones) o la lingüística (actos de hablar y escribir).

Por eso debemos aclarar que el objeto formal de la Ética es la moralidad de los actos humanos.  Por lo tanto la Ética sólo estudia aquellos actos humanos que tienen una cualidad moral (buenos o malos), es decir que proceden de la libertad del hombre.  Por ejemplo la digestión no es objeto de la Ética, porque tienen un carácter natural y no deliberado. Podemos decir que la moralidad atribuye una cualidad valorativa al ente y sus actos; Ética siempre tiene que ver con los valores.  No sólo considera el ser de los entes (libre de valores), sino su deber-ser.

Si por ejemplo digo ‘Juan es padre’ (p), esto es una proposición afirmativa lógica que no valora en nada el ‘ser-padre’ de Juan; pero si digo ‘Juan es un padre bueno’ (q) o ‘Juan debe asumir su responsabilidad como padre’ (r), yo atribuyo un valor (‘bueno’, ‘responsabilidad’) a Juan.  Los enunciados (q) y (r) ya no son proposiciones ‘neutrales’ o ‘descriptivas’, sino proposiciones preformativas (Austin).

No todos los valores tienen que ver con la Ética.  Existen valores económicos (riqueza, pobreza, escasez), afectivos (cariño, ternura), sociales (solidaridad, ayuda mutua), estéticos (belleza, fealdad) y religiosos (devoción, fe, esperanza).  Todos estos valores no tienen en sí mismos una connotación ética, pero pueden convertirse en valores éticos bajo ciertas circunstancias.  Por ejemplo, la ‘riqueza’ en sí sólo dice algo sobre una situación económica; pero cuando se pregunta sobre el origen ilícito de la riqueza, puede convertirse en un valor ético.

Los valores éticos se encuentran en una escala que se extiende desde ‘muy mal’ hasta ‘muy bien’, siempre y cuando la bondad o maldad sea un efecto de un acto humano libremente realizado. Cuando decimos que ‘un automóvil es bueno’ no nos referimos a una cualidad ética, sino mecánica de una cosa.  En la Ética no son en primer lugar las cosas o las personas que llevan valores (‘Juan es bueno’, ‘el helado es malo?), si no los actos humanos. La Ética filosófica es entonces aquella ciencia que busca establecer una normatividad para el actuar humano en lo individual, social y político.  Mientras la sociología o antropología solo ‘describen’ el comportamiento humano sin valorarlo, la Ética lo estudia desde el punto de vista valorativo.

También la moral teológica busca una normatividad para el comportamiento humano, pero desde otro punto de vista.  Es preciso ver brevemente la relación y las diferencias entre la ética filosófica y la moral teológica.

La ética, por cuanto la adecuación o inadecuación de los actos humanos a su norma de licitud, esto es, su moralidad, no puede dejar de fundamentarse en los principios de la metafísica, que es la ciencia del ser y de sus relaciones generales.  Si la conducta que se ajusta a la ley moral es aquella que conduce al hombre hacia su fin o hacia su bien, su conocimiento exigirá poseer previamente una doctrina acerca del fin o del bien del hombre y de su conexión dentro del mundo, doctrina que nos es suministrada precisamente por la metafísica.

En rigor, la ética es una parte o aplicación de la metafísica, por cuanto esta estudia el ser, las distintas clases de seres y las relaciones entre los mismos.  La noción de bien que maneja la ética se apoya en el concepto de ser, que es objeto de la metafísica.  El bien es el mismo ser, en cuanto puede perfeccionar a otro ser y resultar apacible o deseable para él.  De los seres, sólo Dios, que es plenitud y acto puro, carece de tendencia y de movimiento: nada puede perfeccionarlo, puesto que Él es la perfección absoluta.  Pero los demás seres, que contienen en sí mezcla de acto y de potencia –de ser y de no ser-, tienden naturalmente hacia su propia plenitud a través de los seres que los perfeccionan, que son su bien.

Los seres, dentro del orden del Universo, están relacionados unos con otros de forma tal que se perfeccionan o complementan mutuamente.  En rigor, todas las cosas, en cuanto al ser que tienen, pueden perfeccionar a algún otro ser y resultar para él deseables.  De aquí que la noción del bien sea tan exacta y universal como la de ser (todo ser es bueno, es decir, deseable).  Bien es así el mismo ser con relación a algo o alguien que lo apetezca y al que perfecciones.  Pero los seres de la Naturaleza tienden hacia su propio bien o perfección de muy distinta manera.  Los seres de la Naturaleza no viviente tienden de un modo ciego, inconsciente, en virtud de tendencias naturales impresas en su ser (así la caída de los graves o las afinidades químicas de los cuerpos, etc.)

Los seres vivientes dotados de conocimiento (los animales) tienden hacia lo que les perfecciona o conviene de un modo consciente, pero no reflexivo; es decir, conocen lo que les perfecciona y se sienten atraídos por ello, pero desconoces las razones de apetibilidad, es decir, el por qué aquello les conviene.  El ser racional (el hombre), en fin, tiende de un modo no solo consciente, sino reflexivo o racional; conoce no sólo la cosa apetecida, sino las razones por las que la cosa es deseable.  En esta forma de tender racional o reflexivo radica, como vimos anteriormente, la libertad o libre albedrío del hombre: dado que las cosas que rodean al hombre son, como toda criatura, una mezcla de ser y de no ser (son imperfectas), y así la voluntad no se halla determinada o impulsada necesariamente hacia un objeto determinado.

La ética estudiará de este modo la cuestión de cómo la criatura racional y libre puede y debe utilizar el movimiento que hacia su plenitud o perfección tiene impreso en su ser y que realizará libremente.  De lo cual se deduce que la ética o moral no sólo no puede separarse de la metafísica, sino que viene a ser como su culminación, ya que trata del modo de tender rectamente o de perfeccionarse la criatura más consciente y perfecta de este mundo, que es la criatura racional.