Las tomas de postura de la Iglesia católica
en relación con la problemática de la manipulación genética son poco numerosas,
a diferencia de lo que acontece en relación con la temática de la procreación
asistida. No conocemos ningún
documento oficial de la Iglesia destinado específicamente a nuestro tema. Sin embargo, existen especialmente dos
discursos de Juan Pablo II, referidos a la manipulación biológica, que
contienen algunas referencias, generales y en algunos casos más concretos, en
las que se marcan ciertas pautas importantes que pueden significar unos
criterios básicos para abordar, desde la fe cristiana, esta compleja
problemática.
Discurso de Juan
Pablo II ante la Academia Pontifica de las Ciencias.
El 23 de octubre de
1982 tuvo lugar una audiencia a esta academia pontificia en la que trató el
problema de la experimentación en el campo de la biología. Los puntos más importantes de este
documento, que guardan relación con nuestro tema, son los siguientes:
1)
Juan Pablo II presenta a la
Iglesia, según la famosa
afirmación de Pablo Vi como “experta en humanidad”. Aludiendo a un discurso previo a la misma academia el
3 de octubre de 1981, expresó su deseo que la investigación científica y sus
aplicaciones tecnológicas sean sensibles al respeto de las normas morales y a
la salvaguarda de la dignidad, libertad e igualdad de los hombres. La ciencia debe ir acompañada por “la
sabiduría propia del patrimonio espiritual permanente de la humanidad” y debe
inspirarse en el plan de Dios inscrito en la creación.
2)
Califica a la ciencia y a la
sabiduría como la “herencia más apreciada
de la humanidad” y afirma que deben estar al servicio del hombre. Aludiendo a la encíclica Redemptor
hominis afirma que “el hombre es el primer camino de la Iglesia” y añade que
“la Iglesia está llamada, por su vocación esencial, a favorecer el progreso del
hombre”.
3)
Considera que el fin último de la
investigación científica es “el hombre en su totalidad, en su espíritu y en su
cuerpo... El cuerpo humano ni es
independiente del espíritu, de la misma manera que le espíritu no es
independiente del cuerpo, en razón de la profunda unidad y de la relación mutua
que existe entre el uno y el otro”.
Esta visión unitaria, no dualista del ser humano, le lleva a afirmar que
toda actividad humana, aun la más espiritual está impregnada por el cuerpo; a
la vez que el cuerpo está dirigido a su destino final por el espíritu. De ahí procede el reconocimiento “para
la vida del espíritu, de las ciencias que promueven el conocimiento de la
realidad y la actividad corporal”.
4)
No existen, por tanto, objeciones
contra las experiencias biológicas que tengan un profundo respeto hacia la
persona humana. pero Juan Pablo II
condena las manipulaciones experimentales del embrión humano, ya que el ser
humano no puede ser manipulado para ningún fin desde su concepción hasta la
muerte.
5)
El Papa alude a las experiencias
realizadas sobre animales, incluso en su fase embrionaria. “Es cierto que los animales están al
servicio del hombre y que por ello pueden ser objeto de experimentación. Sin embargo, deber ser tratados como
criaturas de Dios, destinadas a servir al bien del hombre, pero sin que se
abuse de ellos”. Por esta razón,
Juan Pablo II valora positivamente el que exista una disminución de estas
experiencias sobre animales, si se han hecho menos necesarias, ya que ello
“corresponde al plan y al bien de toda la creación”.
6)
El discurso hace referencia a las
experiencias en “el tratamiento de las enfermedades producidas por defectos
cromosómicos”. Expresa la
esperanza de que “las nuevas técnicas de modificación del código genético, en
casos de enfermedades genéticas o cromosómicas, serán motivo de esperanza para
las numerosas personas afectadas por estas enfermedades”. Alude en concreto a “la transferencia
de genes”, que podrá curar enfermedades específicas como anemia falciforme y
otras enfermedades hereditarias.
Valora positivamente que “la transferencia y mutación de genes” puedan
mejorara a los afectados por enfermedades cromosómicas: “Así los más pequeños y
los más débiles de los seres humanos podrán ser tratados durante su vida
intrauterina o en el período que sigue inmediatamente al nacimiento”.
7)
Valora también positivamente las
manipulaciones biológicas que pueden llevar a un aumento de la producción
alimentaria y a la obtención de nuevas especies vegetales en bien de todos los
seres y, especialmente, de los más necesitados. El hambre de los pobres de este mundo constituye, junto al
riesgo de un holocausto nuclear, uno de los más grandes retos que debe abordar
la humanidad.
8)
Finalmente, el Papa expresa su
esperanza de que este progreso sea sensible a los problemas de los países más
pobres y que se evite “todo oportunismo económico y político que reproduzca los
peligros del antiguos colonialismo bajo la nueva forma técnica y
científica”. Debe existir un
intercambio de cultura y de ciencia entre todos los países del mundo.
4.5.1. La instrucción Domun vital
La congregación
para la Doctrina de la Fe publicaba en 1987 la Instrucción Donum vitae, que
trata especialmente los problemas suscitados por el desarrollo de las nuevas
técnicas de reproducción humana.
Sin embargo, presenta también una criteriología general que puede
aplicarse a nuestro tema.
Igualmente, aborda marginalmente algunos de los problemas éticos
relacionados con la manipulación genética referida al ser humano.
1)
La instrucción reconoce el valor
del progreso tecnológico. “La
investigación científica, fundamental y aplicada, constituye una expresión
significativa del señorío del hombre sobre la creación. Preciosos recursos del hombre cuando se
ponen a su servicio y promueven su desarrollo en beneficio de todos”.
2)
Sin embargo el documento va a insistir
más en los riesgos del desarrollo tecnológico. Ante todo, va a señalar que “la ciencia y la técnica no
pueden indicar por si solas el sentido de la existencia y del progreso humano”
ya que “reciben de la persona y de sus valores morales la dirección de su
finalidad y la conciencia de sus límites”. No se puede afirmar que la investigación científica y sus
aplicaciones sean neutras. Los
criterios para evaluarlas no pueden proceder ni de la simple eficacia técnica
ni de la utilidad que pueden reportar a unos a costa de otros, ni de la
ideología dominante. Los criterios
fundamentales deben surgir de la evaluación de si tal desarrollo científico
está al servicio de la persona, de sus derechos inalienables y de su bien
integral de acuerdo con el plan de dios.
La instrucción recuerda que los grandes logros tecnológicos exigen con
mayor urgencia un mayor respeto de los criterios antes citados. “La ciencia sin conciencia no conduce
sino a la ruina del hombre”.
Recuerda, en este contexto, a GS 15: “Nuestro tiempo, más que los
tiempos pasados, necesita de esa sabiduría para humanizar más todas las cosas
nuevas que el hombre va descubriendo.
Está en peligro el destino futuro del hombre, a no ser que surjan hombre
más sabios”.
3)
Siguiendo los planteamiento, expuestos
en los dos discursos precedentes, insiste en que los criterios éticos deben
surgir “de la naturaleza de la persona humana en su dimensión corpórea”. Concibe la persona humana como una
totalidad unificada, como una naturaleza “al mismo tiempo corporal y
espiritual”. Como consecuencia de
esta visión del ser humano como totalidad unificada, “cualquier intervención
sobre el cuerpo humano no alcanza únicamente los tejidos, órganos y funciones:
afecta también, y a diversos niveles, a la persona misma”. Este planteamiento será ampliamente
desarrollado por la Instrucción y en él se fundamentan las respuestas éticas de
la Donum vitae en relación con los interrogantes éticos de las nuevas técnicas
de procreación asistida.
4)
La Donum vitae insiste, en línea
con la doctrina unánime del magisterio eclesial, en el respeto a la vida no
nacida, ya que “el ser humano ha de ser respetado como persona desde el primer
instante de su existencia”. La
congregación romana conocer “las discusiones actuales sobre el inicio de la
vida del hombre, sobre la individualidad del ser humano y sobre la identidad de
la persona”, pero afirma que “en el cigoto resultante de la fecundación está ya
constituida la identidad biológica de un nuevo individuo humano”. Consecuentemente se afirma que “el ser
humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su
concepción, y por eso, a partir de ese mismo momento, se le deben reconocer los
derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano
inocente a la vida”. Esto
significa que debe ser defendido en su integridad, cuidado y sanado, en la
medida de lo posible, como cualquier otro ser humano.
5)
La instrucción admite le
diagnóstico prenatal –en el que podrían estar también implicadas las técnicas
de “sondas de ADN”, antes mencionadas –si se “respeta la vida e integridad del
embrión y del feto humano y se orienta hacia su custodia y curación. Por tanto, se admite cuanto permita
prever “más precozmente y con mayor eficacia, algunas intervenciones terapéuticas,
médicas o quirúrgicas”, pero se condena tal diagnóstico, si se contempla la
posibilidad, a la vista de sus resultados, de provocar un aborto: “Un
diagnóstico que atestigua la existencia de una malformación o de una enfermedad
hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte”. En la misma línea condena la existencia
de programas de las autoridades civiles o sanitarias, o de las organizaciones
científicas, que favoreciesen la conexión entre diagnóstico prenatal y aborto y
que indujesen a las mujeres a someterse a tal diagnóstico para eliminar los
fetos afectados.
6)
La Donum Vitae considera legítimas
las intervenciones terapéuticas sobre el embrión humano, “siempre que respeten
la vida y la integridad del embrión, que no le expongan a riesgos desproporcionados,
que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o de
supervivencia individual”.
Siguiendo -y citando
expresamente- el pensamiento de Juan Pablo II, antes mencionado, admite la
terapia de diversas enfermedades del embrión “como las originadas por defectos
cromosómicos”, ya que “tienden a promover verdaderamente el bienestar personal
del individuo, sin causar daño a su integridad y sin deteriorar sus condiciones
de vida”. La Instrucción considera al embrión como
un paciente, en el que los principios éticos que regulan las intervenciones
terapéuticas deben ser idénticos a los que se aplican con el ser humano ya
nacido. Si se trata de terapias
experimentales, que se usan como último recurso y a falta de otras terapias
eficaces, “puede ser lícito el recurso a fármacos o procedimientos todavía no
enteramente seguros”.
7)
La Instrucción rechaza las
investigaciones y experimentaciones en embriones vivos, “a no ser que exista la
certeza moral de que no se causará daño alguno a su vida y a su integridad, ni
a la de su madre, y sólo en el caso de que los padres hayan otorgado su
consentimiento libre e informado”.
“Si se trata de embriones vivos, sena viables o no, deben ser respetados
como todas las personas humanas: la experimentación no directamente
terapéuticas sobre embriones es lícita”.
8)
Finalmente la Instrucción condena
la posible aplicación futura de la manipulación genética en el ser humano con
fines eugenésicos: “Algunos intentos de intervenir sobre el patrimonio
cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de
seres humanos seleccionados en cuanto al sexo o a otras cualidades
prefijadas. Estas manipulaciones
son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su
identidad”. No pueden justificarse
de modo alguno a causa de posibles consecuencias beneficiosas para la
humanidad, “ya que cada persona merece respeto por sí misma”.