4.5. La Iglesia Católica y la Ingeniería Genética


Las tomas de postura de la Iglesia católica en relación con la problemática de la manipulación genética son poco numerosas, a diferencia de lo que acontece en relación con la temática de la procreación asistida.  No conocemos ningún documento oficial de la Iglesia destinado específicamente a nuestro tema.  Sin embargo, existen especialmente dos discursos de Juan Pablo II, referidos a la manipulación biológica, que contienen algunas referencias, generales y en algunos casos más concretos, en las que se marcan ciertas pautas importantes que pueden significar unos criterios básicos para abordar, desde la fe cristiana, esta compleja problemática.

Discurso de Juan Pablo II ante la Academia Pontifica de las Ciencias.

El 23 de octubre de 1982 tuvo lugar una audiencia a esta academia pontificia en la que trató el problema de la experimentación en el campo de la biología.  Los puntos más importantes de este documento, que guardan relación con nuestro tema, son los siguientes:

1)    Juan Pablo II presenta a la Iglesia,  según la famosa afirmación de Pablo Vi como “experta en humanidad”.   Aludiendo a un discurso previo a la misma academia el 3 de octubre de 1981, expresó su deseo que la investigación científica y sus aplicaciones tecnológicas sean sensibles al respeto de las normas morales y a la salvaguarda de la dignidad, libertad e igualdad de los hombres.  La ciencia debe ir acompañada por “la sabiduría propia del patrimonio espiritual permanente de la humanidad” y debe inspirarse en el plan de Dios inscrito en la creación.
2)    Califica a la ciencia y a la sabiduría como la “herencia más apreciada  de la humanidad” y afirma que deben estar al servicio del hombre.  Aludiendo a la encíclica Redemptor hominis afirma que “el hombre es el primer camino de la Iglesia” y añade que “la Iglesia está llamada, por su vocación esencial, a favorecer el progreso del hombre”.
3)    Considera que el fin último de la investigación científica es “el hombre en su totalidad, en su espíritu y en su cuerpo...  El cuerpo humano ni es independiente del espíritu, de la misma manera que le espíritu no es independiente del cuerpo, en razón de la profunda unidad y de la relación mutua que existe entre el uno y el otro”.  Esta visión unitaria, no dualista del ser humano, le lleva a afirmar que toda actividad humana, aun la más espiritual está impregnada por el cuerpo; a la vez que el cuerpo está dirigido a su destino final por el espíritu.  De ahí procede el reconocimiento “para la vida del espíritu, de las ciencias que promueven el conocimiento de la realidad y la actividad corporal”.
4)    No existen, por tanto, objeciones contra las experiencias biológicas que tengan un profundo respeto hacia la persona humana.  pero Juan Pablo II condena las manipulaciones experimentales del embrión humano, ya que el ser humano no puede ser manipulado para ningún fin desde su concepción hasta la muerte.
5)    El Papa alude a las experiencias realizadas sobre animales, incluso en su fase embrionaria.  “Es cierto que los animales están al servicio del hombre y que por ello pueden ser objeto de experimentación.  Sin embargo, deber ser tratados como criaturas de Dios, destinadas a servir al bien del hombre, pero sin que se abuse de ellos”.  Por esta razón, Juan Pablo II valora positivamente el que exista una disminución de estas experiencias sobre animales, si se han hecho menos necesarias, ya que ello “corresponde al plan y al bien de toda la creación”.
6)    El discurso hace referencia a las experiencias en “el tratamiento de las enfermedades producidas por defectos cromosómicos”.  Expresa la esperanza de que “las nuevas técnicas de modificación del código genético, en casos de enfermedades genéticas o cromosómicas, serán motivo de esperanza para las numerosas personas afectadas por estas enfermedades”.  Alude en concreto a “la transferencia de genes”, que podrá curar enfermedades específicas como anemia falciforme y otras enfermedades hereditarias.  Valora positivamente que “la transferencia y mutación de genes” puedan mejorara a los afectados por enfermedades cromosómicas: “Así los más pequeños y los más débiles de los seres humanos podrán ser tratados durante su vida intrauterina o en el período que sigue inmediatamente al nacimiento”.
7)    Valora también positivamente las manipulaciones biológicas que pueden llevar a un aumento de la producción alimentaria y a la obtención de nuevas especies vegetales en bien de todos los seres y, especialmente, de los más necesitados.  El hambre de los pobres de este mundo constituye, junto al riesgo de un holocausto nuclear, uno de los más grandes retos que debe abordar la humanidad.
8)    Finalmente, el Papa expresa su esperanza de que este progreso sea sensible a los problemas de los países más pobres y que se evite “todo oportunismo económico y político que reproduzca los peligros del antiguos colonialismo bajo la nueva forma técnica y científica”.  Debe existir un intercambio de cultura y de ciencia entre todos los países del mundo.

4.5.1.     La instrucción Domun vital

La congregación para la Doctrina de la Fe publicaba en 1987 la Instrucción Donum vitae, que trata especialmente los problemas suscitados por el desarrollo de las nuevas técnicas de reproducción humana.  Sin embargo, presenta también una criteriología general que puede aplicarse a nuestro tema.  Igualmente, aborda marginalmente algunos de los problemas éticos relacionados con la manipulación genética referida al ser humano.

1)       La instrucción reconoce el valor del progreso tecnológico.  “La investigación científica, fundamental y aplicada, constituye una expresión significativa del señorío del hombre sobre la creación.  Preciosos recursos del hombre cuando se ponen a su servicio y promueven su desarrollo en beneficio de todos”.
2)       Sin embargo el documento va a insistir más en los riesgos del desarrollo tecnológico.  Ante todo, va a señalar que “la ciencia y la técnica no pueden indicar por si solas el sentido de la existencia y del progreso humano” ya que “reciben de la persona y de sus valores morales la dirección de su finalidad y la conciencia de sus límites”.  No se puede afirmar que la investigación científica y sus aplicaciones sean neutras.  Los criterios para evaluarlas no pueden proceder ni de la simple eficacia técnica ni de la utilidad que pueden reportar a unos a costa de otros, ni de la ideología dominante.  Los criterios fundamentales deben surgir de la evaluación de si tal desarrollo científico está al servicio de la persona, de sus derechos inalienables y de su bien integral de acuerdo con el plan de dios.  La instrucción recuerda que los grandes logros tecnológicos exigen con mayor urgencia un mayor respeto de los criterios antes citados.  “La ciencia sin conciencia no conduce sino a la ruina del hombre”.  Recuerda, en este contexto, a GS 15: “Nuestro tiempo, más que los tiempos pasados, necesita de esa sabiduría para humanizar más todas las cosas nuevas que el hombre va descubriendo.  Está en peligro el destino futuro del hombre, a no ser que surjan hombre más sabios”.
3)       Siguiendo los planteamiento, expuestos en los dos discursos precedentes, insiste en que los criterios éticos deben surgir “de la naturaleza de la persona humana en su dimensión corpórea”.  Concibe la persona humana como una totalidad unificada, como una naturaleza “al mismo tiempo corporal y espiritual”.  Como consecuencia de esta visión del ser humano como totalidad unificada, “cualquier intervención sobre el cuerpo humano no alcanza únicamente los tejidos, órganos y funciones: afecta también, y a diversos niveles, a la persona misma”.  Este planteamiento será ampliamente desarrollado por la Instrucción y en él se fundamentan las respuestas éticas de la Donum vitae en relación con los interrogantes éticos de las nuevas técnicas de procreación asistida.
4)       La Donum vitae insiste, en línea con la doctrina unánime del magisterio eclesial, en el respeto a la vida no nacida, ya que “el ser humano ha de ser respetado como persona desde el primer instante de su existencia”.  La congregación romana conocer “las discusiones actuales sobre el inicio de la vida del hombre, sobre la individualidad del ser humano y sobre la identidad de la persona”, pero afirma que “en el cigoto resultante de la fecundación está ya constituida la identidad biológica de un nuevo individuo humano”.  Consecuentemente se afirma que “el ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción, y por eso, a partir de ese mismo momento, se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida”.  Esto significa que debe ser defendido en su integridad, cuidado y sanado, en la medida de lo posible, como cualquier otro ser humano.
5)       La instrucción admite le diagnóstico prenatal –en el que podrían estar también implicadas las técnicas de “sondas de ADN”, antes mencionadas –si se “respeta la vida e integridad del embrión y del feto humano y se orienta hacia su custodia y curación.  Por tanto, se admite cuanto permita prever “más precozmente y con mayor eficacia, algunas intervenciones terapéuticas, médicas o quirúrgicas”, pero se condena tal diagnóstico, si se contempla la posibilidad, a la vista de sus resultados, de provocar un aborto: “Un diagnóstico que atestigua la existencia de una malformación o de una enfermedad hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte”.  En la misma línea condena la existencia de programas de las autoridades civiles o sanitarias, o de las organizaciones científicas, que favoreciesen la conexión entre diagnóstico prenatal y aborto y que indujesen a las mujeres a someterse a tal diagnóstico para eliminar los fetos afectados.
6)       La Donum Vitae considera legítimas las intervenciones terapéuticas sobre el embrión humano, “siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no le expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o de supervivencia individual”.  Siguiendo  -y citando expresamente- el pensamiento de Juan Pablo II, antes mencionado, admite la terapia de diversas enfermedades del embrión “como las originadas por defectos cromosómicos”, ya que “tienden a promover verdaderamente el bienestar personal del individuo, sin causar daño a su integridad y sin deteriorar sus condiciones de vida”.  La  Instrucción considera al embrión como un paciente, en el que los principios éticos que regulan las intervenciones terapéuticas deben ser idénticos a los que se aplican con el ser humano ya nacido.  Si se trata de terapias experimentales, que se usan como último recurso y a falta de otras terapias eficaces, “puede ser lícito el recurso a fármacos o procedimientos todavía no enteramente seguros”.
7)       La Instrucción rechaza las investigaciones y experimentaciones en embriones vivos, “a no ser que exista la certeza moral de que no se causará daño alguno a su vida y a su integridad, ni a la de su madre, y sólo en el caso de que los padres hayan otorgado su consentimiento libre e informado”.  “Si se trata de embriones vivos, sena viables o no, deben ser respetados como todas las personas humanas: la experimentación no directamente terapéuticas sobre embriones es lícita”.

8)       Finalmente la Instrucción condena la posible aplicación futura de la manipulación genética en el ser humano con fines eugenésicos: “Algunos intentos de intervenir sobre el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo o a otras cualidades prefijadas.  Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad”.  No pueden justificarse de modo alguno a causa de posibles consecuencias beneficiosas para la humanidad, “ya que cada persona merece respeto por sí misma”.