3.7.1 Vivir la sexualidad en la perspectiva del Plan
del Dios Amor.
Lo específico de la moral cristiana es el
seguimiento de Cristo, modelo básico de un modo de concebir y de vivir la vida.
El cristiano es una creatura llamada a
decidirse en la fe –fe en Cristo, en su Plan de Salvación- por una vida
comandada no por el egoísmo sino por el amor. “La fe que obra por caridad” (Gál 5,6) El amor-don, el amor
oblativo es participación del amor del Padre, infundido por el Espíritu Santo.
Jesús, en el sermón de la montaña, clarificó y
radicalizó las intuiciones del hombre sobre el amor y la sexualidad. El Nuevo Testamento considera al
diálogo intersexual como alianza fiel y entrega mutua, y lo compara con el
diálogo entre Cristo y la Iglesia.
3.6.2.
El que sigue a Cristo, se
perfecciona en su misma dignidad de hombre.
Nadie puede realizarse, en absoluto, sí,
después de haber conocido suficientemente a Cristo, renuncia a seguirle, porque
la vocación del hombre es una sola, es decir, divina.
De ahí que la gracia, a pesar de ser gratuita,
es necesaria para realizarse como hombre.
La “humanización” del hombre es signo y epifanía de su divinización
Cristo nos invita a hacer de nuestra vida una
“Love story”, una Historia de Amor, aun en medio de las inevitables penas de la
vida.
3.6.3.
El “pecado del mundo” (Jn) ha herido
también nuestra sexualidad.
Sólo el Espíritu Santo puede hacernos progresar
en el amor.
Sólo el Espíritu Santo puede sacarnos de
la”imposibilidad de amar” en que nos ha dejado el pecado original para hacernos
vivir en el amor. El cristiano, si
quiere redimirse, sabe que tiene que morir al “hombre viejo”, cerrado en sí
mismo, y revestir el “hombre nuevo”, abierto al prójimo y dócil al Espíritu.
Como somos “miembros de Cristo y Templos del
Espíritu Santo, los pecados sexuales son una especie de profanación.
3.6.4. Las normas concretas de la Biblia.
Sufrieron los condicionamientos
culturales de la época hasta influencia pagana- y deben ser interpretadas. Por ejemplo: cuando San Pablo habla de
la sumisión de la mujer al varón, refleja la condición social de su tiempo, que
se hallaba bajo el influjo del patriarcalismo del Antiguo Testamento. Eso no pertenece al Mensaje revelado:
es solamente el “lenguaje” de que se sirvió Pablo para transmitir el mensaje…
como no es Mensaje revelado la “imagen del mundo” que tenían entonces, y muchos
otros elementos culturales empleados como simples vehículos de la revelación. Por
último, el Matrimonio Cristiano es Sacramento, “sacramento permanente”, porque
la fuente de gracia que recibieron un día, no dejará nunca de manar, e irá
creciendo en la medida en que crezca el amor de los esposos.
EJERCICIO
Nº 14