4.6 .Ética y Proyecto Genoma.

4.6.1.     En qué consiste el Proyecto Genoma?

Se han hecho muchos intentos de explicar al gran público en qué consiste esta colosal iniciativa emprendida por la genética y la biología molecular.  Se ha dicho frecuentemente que consiste en leer una biblioteca de mil libros (se ha hablado también de guías telefónicas), con mil páginas en cada libro.  Walter Gilbert afirmó en la reciente reunión en Valencia que, el día en que esté finalizada la iniciativa del genoma, cada ser humano podría tener en un disco compacto toda su propia completa información genética.

El avance de la genética ha sido espectacular desde que se redescubrieron las leyes de Mendel en los mismos albores del siglo actual. Dos hitos fundamentales han sido, sin ningún género de dudas, la determinación del ADN  como la molécula de la herencia de los caracteres (Avery, MacLeod y McCarthy, 1944) y el descubrimiento de la estructura del mismo no tiene 46 cromosomas, con un número total de factores hereditarios o genes en torno a los 50-100.000. cada uno de estos genes es una macromolécula que se compone de una larga cadena de nucleótidos.  Cada nucleótido se compone de una parte común (ácido fosfórico y un azúcar, la desoxirribosa) que constituye la estructura lateral y vertical de la doble hélice de Watson y Crick, mientras que los peldaños horizontales están constituidos por cuatro bases nitrogenadas (adenina A, citosina C, guanina G, y timina T), que se unen entre sí siempre de la misma forma: A-T y C-G.  No existe ninguna restricción en el orden de estas cuatro letras o bases nitrogenadas.

Esto nos lleva a afirmar que cada gen es una larga secuencia de letra o bases (varios miles de base o kilobases), cuyo orden regula la formación de los aminoácidos, que constituyen a su vez las proteínas.  Estas son fundamentales en los seres vivos, ya que constituyen tanto sus estructuras así como las enzimas que son básicas en el metabolismo de la vida.  Cada triplete  de bases nitrogenadas o letras (llamados codones), codifica la formación de un determinado aminoácido, por ejemplo, la secuencia CCG codifica la formación de la prolina, uno de los 20 aminoácidos, que constituyen las proteínas.  Este mismo proceso se da en todos los seres vivos, desde los más elementales hasta el ser humano, y constituye lo que Crick calificó como el dogma central de la biología molecular.  Como afirmó el astrofísico Gamow,  se trata de pasar de un lenguaje de cuatro letras (las bases nitrogenadas), a otro de veinte (los aminoácidos que constituyen las proteínas).

Por tanto, como afirma el mismo Gamow, las propiedades hereditarias de cualquier organismo se pueden caracterizar por un largo número (la secuencia de bases en el ADN), escrito en un sistema de cuatro dígitos (las cuatro bases).  El error en una sola de estas bases puede llevar a que no se constituya el aminoácido y la proteína correcta consiguiente y a que se origine una enfermedad hereditaria.  El número de enfermedades, que han sido ya definidas como hereditarias o congénitas, en el elenco de McKusick, se sitúa por encima de las 4.0000.  la mayoría se debe a la interacción de varios genes –las llamadas poligénicas o multifactoriales-  pero existen enfermedades que se deben a un único gen.  El día en que finalice la iniciativa del genoma se podrá conocer cuál es la anomalía o anomalías en la secuencia de las letras o bases nitrogenadas, responsables de muchas enfermedades.

Salta a la vista la gran complejidad del proceso iniciado.  Se trata de ir secuenciando el orden de cada una de las 3.000 bases nitrogenadas del ser humano.  Los primeros pasos en este llamado proceso de secuenciación fueron lentos y costosos.  Como afirmó Schelessinger en el simposio de Valencia, 1985 un laboratorio podía secuenciar 40.000 pares de bases la año, lo que haría necesario finalizar el proyecto genoma, el trabajo de 1.000 laboratorios durante 100 años.  La genética reciente ha dado dos grandes avances: la creación de los llamado YACs (cromosomas artificiales humanos, con fragmentos grandes de ADN en levaduras, yeast) y la técnica PCR (reacción en cadena polimerasa), que permite clonar o multiplicar sin límite fragmentos del ADN humanos), que constituyen dos grandes logros de cara a la secuenciación.  La aportación de los científicos japoneses ha sido fundamental ya que han diseñado ordenadores y programas informatizados –máquinas de secuenciación automática- que permiten realizar este proceso de forma mucho más rápida (Gilbert se refirió en Valencia a máquina que consiguen secuenciar 16.000 bases diariamente) y con costes muy inferiores.  Inicialmente el coste de lectura de cada base se situaba en torno a un dólar, sin embargo Gilbert indicó igualmente que se podía ya realizar al precio de 50 centavos de dólar consideraba que en torno a 1995 la secuenciación de cada base podría costar sólo 25 centavos.

Según el mismo Gilbert, el ritmo de secuenciación o lectura de las bases nitrogenadas está progresando al ritmo de un 60% anual.  En 1980 se había secuenciado medio millón de bases; en 1985 eran ya 5 millones, que han pasado a 50 millones en 1990; para 1995 habremos llegado a la cota de los 500 millones y en año 2000 – cinco años antes de lo previsto- el proyecto Genoma habría sido finalizado, marcando un verdadero hito científico en el comienzo del tercer milenio de nuestra era.

Evidentemente, el proyecto Genoma es muchísimo más complejo de lo que hemos expuesto.  Es necesario añadir dos pasos fundamentales: por una parte, no basta con la secuenciación, sino que es necesario también la localización y el mapeo físico, es decir la determinación de que cromosomas y en qué locus o lugar dentro de los cromosomas se encuentra situado cada gen.  En este momento el número de genes localizados se sitúa en torno a los 1.000.  por otra parte, no sólo debe realizar el proyecto Genoma en la especie humana, sino que para poder estudiarlos es necesaria la comparación con otras especies vivas; de hecho se proyecta el estudios del genoma de la bacteria Escherichia coli, del gusano nematodo Carnorhabditis elegans, del insecto Drosophila melanogaster, del ratón y de la especie humana.

Se ha dicho que el coste global de la iniciativa del genoma puede ascender a 3.000 millones de dólares.  La cifra es importante, pero muy inferior a los 30.000 millones de coste de la estación espacial , a los 8.000 destinados al supercolisionador de partículas.  Pero lleva a que la biología abandones su lugar de small science en el consumo de presupuestos, para entras en la big science, cuyos costes son extraordinarios.

4.6.2.     Interés del proyecto Genoma

Desde que se planteó la posibilidad de comenzar esta gran iniciativa surgió la polémica sobre su verdadero interés, teniendo en cuenta sus grandísimos costes económicos y de organización.  La opinión más general considera que constituiría una grave omisión ética el no realizar un proyecto, hoy  técnica mente posible, y que puede tener tantas consecuencias positivas para el futuro de la humanidad.  Recuerdo que alguien decía en el I Workshop de Valencia que sería una omisión comparable al no tratamiento con antibióticos de aquellos enfermos sifilíticos de raza negra en Tuskegee (Alabama), para poder estudiar el curso de la enfermedad sin recurso al citado tratamiento médico.  Desde que se comenzó a hablar del proyecto, algunos científicos lo consideraron como fundamental,  llegando incluso a sacralizarlo.  Como cita Lacadena, para el premio Nobel Walter Gilbert, “la secuenciación total del ADN humano es el grial de la genética humana”.

Las mayores dificultades planteadas en contra del proyecto son las siguientes:

1)    Sus grandes costes económicos, que pueden llevar a la retiradas de fondos para otras investigaciones importantes.  Se trata del peligro de que la big science aplaste a la small science y que la investigaciones personales queden absorbidas en megaproyectos.
2)    Se ha insistido en que la secuenciación  de todo el genoma humano nos aportará muchos datos importantes, pero también, como se ha dicho gráficamente mucha “basura”; es decir, el conocimiento de fragmentos del ADN  que carecen de funcionalidad.  Sin embargo se ha argüido en contra de lo que se considera como “basura”, podría tener un significado que ahora desconocemos.
3)    La mayor dificultad deriva del gran polimorfismo humano.  En efecto, cada ser humano es distinto, y por tanto, la modificación de la secuencia puede ser plenamente normal, ya que es responsable de la diversidad de cada ser humano.  Sin embargo se afirma que, sin negar este polimorfismo, únicamente afecta a menos del 10% de la secuencia de bases.  Se ha llegado a la conclusión de que, para que el proyecto pueda llevar a consecuencias relevantes, es necesario no centrarse exclusivamente en la secuenciación del genoma humano, sino que debe ampliarse a otros organismos.

Este conocimiento de la secuenciación del genoma humano y el concomitante mapeo de genes tendrá no sólo el interés teórico de conocer cuál es la base biológica más profunda del ser humano, sino que tendrá múltiples consecuencias para el futuro desarrollo de la medicina y la biología.  Se podrán conocer más profundamente los mecanismos que actúan durante el desarrollo embrionario; tendrá grandes implicaciones en la investigación y lucha contra el cáncer, ya que permitirá no sólo percibir la existencias de factores genéticos que predisponen a la enfermedad, sino también estudiar en profundidad los mecanismo genéticos desencadenantes del cáncer.  Un capítulos muy importante se centra en ese amplio elenco de más de 4.500 enfermedades hereditarias, cuya base genética podría ser conocida tempranamente, lo que abriría tanto la puerta la terapia génica, así como la prevención de su desarrollo en una serie de casos.  un aspecto marginal, pero sumamente interesante, es la aportación del proyecto Genoma para iluminar el proceso evolutivo de nuestra especie.

La secuenciación del genoma humano abre la puerta a dos posibilidades, cargadas de graves interrogantes éticos.  Por una parte, el diagnóstico prenatal podrá ser mucho más certero y extenderse un número mucho más amplio de enfermedades, incluso a predisposiciones genéticas para ciertas enfermedades.  En segundo lugar, el proyecto Genoma puede llevar a modificar la base genética de las células somáticas responsables de ciertas enfermedades (tal como se ha realizado recientemente con un “niño burbuja”, afectado por la inmunodeficiencia congénita ADA), y también a la intervención en la línea germinal aplicada a gametos, cigotos o embriones de pocas células – lo que podría llevar en el futuro a la modificación de la especie humana con fines perfectivos o eugénicos.
 
4.6.3.     Problemas éticos planteados

Desde que se comenzó a discutir sobre le proyecto Genoma surgió la conciencia de los graves interrogantes éticos implicados.  Es un mérito de la propio comunidad científica le haber sido muy sensible, desde el principio, a las repercusiones éticas suscitadas por este progreso.  Es verdad que, para una evaluación más certera de dicha problemática, habrá que conocer más en concreto los pasos que se vayan dando, pero nos parece muy significativo que haya  surgido la conciencia de que hay que anticipar el debate ético sobre esta problemática.  Este ha sido el gran mérito de la reunión de Valencia, así como de otras similares.  Hay que alabar la decisión de las autoridades estadounidenses de dedicar el 3% de los fondos destinados a este proyecto al estudio de sus implicaciones éticas y jurídicas.  Si se consideró como historia la decisión de la mayoría de la comunidad científica de autoimponerse una moratoria en la realización de experiencias arriesgadas al inicio de las nuevas técnicas de ADN-recombinante, no lo es menos el hecho de que la propia comunidad científica esté siendo sensible a la gravedad de los problemas éticos que van a surgir como consecuencia de la secuenciación de todo el genoma humano.

La principal objeción de preocupación que siempre se suele plantear respecto del proyecto Genoma es que,  como consecuencia  de su realización el ser humano puede quedar expuesto, en su intimidad biológica más profunda, a los ojos de los científicos o de intereses ajenos.  Se ha formulado gráficamente que una de las consecuencias será el “hombre de cristal”, ya que nuestros factores genéticos comenzarán a percibirse con transparencia.  Será posible, en el ejemplo más citado, saber que persona actualmente sana está destinada a padecer una enfermedad grave como el síndrome de Alzheimer.  Saltan a la vista las graves consecuencias que ello puede comportar en el mercado laboral o a la hora de suscribir una póliza de seguro de enfermedad o de vida.  Cuando se aborda este problema se exige que la secuenciación del genoma de una persona deberá hacerse en condiciones de voluntariedad –nadie puede ser obligado a que se le haga dicho estudio- y que los resultado deben ser confidenciales y estar sometidos al más estricto secreto médico.  Se insiste igualmente en que los resultados del estudios del genoma del individuos nunca pueden llevar ningún tipo de discriminación, por ejemplo laboral.  Pero, ¿será posible impedir que una compañía de seguros obligue a un individuo, cuando el genoma humano pueda estar incluido en un disco compacto, a esa prueba antes de suscribir un póliza?

John C. Fletcher afirmó en el simposio de Valencia que los principales problemas éticos planteados por el proyecto Genoma son los siguientes:

1)    Distribución equitativa de los servicios genéticos de tal forma que sean accesibles a las personas más necesitadas
2)    Opciones en torno a la interrupción del embarazo, tras un diagnóstico prenatal.
3)    Problemas en torno a la confidencialidad de los resultados obtenidos.
4)    Protección de la privacidad de otras personas implicadas.
5)    Problemas en torno a la revelación del diagnóstico/pronóstico.
6)    Indicaciones para realizar un diagnóstico prenatal.
7)    Realización de un screening o estudio masivo de forma voluntaria u obligatoria.
8)    Counselling de las personas incapacitadas.

Es importante tener en cuenta que el caso del síndrome de Alzheimer es sólo un ejemplo, ya que será posible poder predecir el desarrollo de muchas enfermedades ocasionadas por un solo gen.  Incluso posteriormente será posible determinar la herencia multifactorial, debida al influjo de varios genes (por ejemplo, la diabetes).  Más aún, será posible determinar la existencia de genes que predisponen a ciertos comportamientos (por ejemplo, el alcoholismo, enfermedades psiquiátricas, etc.) y al desarrollo de cualidades de tipo espiritual o artístico.  ¿Cómo será posible usar toda esta información, en el marco de la más estricta confidencialidad y sin que sea utilizada para la discriminación de las personas afectadas negativamente?  Es evidente que la finalización del proyecto Genoma tendrá que ir acompañada de estrictas regulaciones jurídicas para impedir su utilización abusiva e irrespetuosa con la dignidad de la persona.  Por estas razones es muy importante que ya se haya iniciado el debate ético ante una problemática que inevitablemente surgirá cuando finalice el proyecto.

Ya antes hemos iniciado que el proyecto Genoma puede significar un gran impulso a la terapia génica humana.  En principio no existen objeciones éticas absolutas contra su aplicación  a las células somáticas, que no se transmiten a la descendencia : la utilización de tal tipo de terapia debe regularse por los mismos principios éticos que regulan otras terapias experimentales, como por ejemplo ciertas formas de trasplantes.  El debate se centra en su utilización en las células germinales: gametos y cigotos o embriones de pocas células.  La modificación del espermatozoide parece inabordable dada la forma cómo el material genético está empaquetado en la cabeza de dicho gameto.  Si sería posible la modificación del óvulo, del cigoto o del embrión de pocas células.  Notemos que nos estamos refiriendo a la curación de un gen defectuoso para evitar que se desarrolle un niño afectado por una enfermedad genética.  En este punto las opiniones fueron divergentes en la reciente reunión de Valencia, hubo voces que consideraron que no se puede poner objeciones éticas absolutas contra esta forma de terapia mientras, mientras que otros afirmaron que estamos ante una barrera infranqueable.  El Nobel Jean Dausser es el científico más representativo de este último grupo.

Hoy en día existe unanimidad en considerar que la terapia génica germinal es éticamente inaceptable.  Las experiencias realizadas en animales, especialmente los llamados transgénicos, muestran que las consecuencias de esta manipulación génica pueden ser extraordinariamente negativas.  El avance de la genética ha sido realmente espectacular, pero las lagunas de nuestros conocimientos siguen siendo muy grandes.  Hoy es aceptable manipular genéticamente a los embriones animales, pero realizarlo en la especie humana es jugar a la ruleta rusa –por la imprevisibilidad de sus consecuencias- lo que es éticamente inaceptable.  Juan Pablo II ha expresado su opinión positiva en favor de este tipo de terapia beneficiosa para el embrión,  el día en que técnicamente sea posible, citando el ejemplo concreto de la anemia falciforme.  Pero hoy no es técnicamente posible y los riesgos superan con creces a los beneficios hipotéticos.  Por otra parte, surge la pregunta de qué se pretende realmente con esta terapia germinal.  ¿Van a arriesgarse los padres a “curar” sus gametos o embriones, con todos los riesgos de las consecuencias negativas que puede seguirse, cuando va a existir la posibilidad de recurrir a técnicas que permitan la selección de células germinales o de embriones que no es necesario tratar terapéuticamente?  Desde nuestro punto de vista, por detrás del debate sobre la terapia germinal, se esconde la cuestión de otros dos tipos de manipulación genética: la perfectiva o de enhacement, consiste en el logro de determinadas características humanas consideradas positivas (por ejemplo una mayor talla), que abriría la puerta hacia una manipulación eugénica en la que se pudiese pretender una eugenesia positiva, respecto de la especie humana.  Es indiscutible que estamos ante una tema preñado de implicaciones éticas.

Finalmente, hay que aludir al diagnóstico prenatal, una problemática ya seria, pero que será acentuada por la finalización del proyecto Genoma.  Serán muchas las enfermedades que podrían diagnosticarse durante el desarrollo embrionario.  Incluso podrá realizarse un diagnóstico preimplantatorio de embriones concebidos in vitro.  Por otra parte, no sólo será posible determinar enfermedades ocasionadas por un único gen, sino también las que se deben a un grupo de genes, donde la interacción con el ambiente es especialmente importante para la expresión de los genes y el desarrollo de la enfermedad.  Igualmente será posible predecir la existencia de factores genéticos que predisponen al desarrollo de características de tipo espiritual.  Jaques Testari ha insistido en el riesgo de una medicina predictiva a la que se le puede pedir, en este caso concreto, el “niño a la carta”: no sólo carente de anomalías genéticas, sino también dotado de caracteres genéticos positivos.

Evidentemente, esto agudiza la discusión ética sobre el aborto y el derecho a la vida del no nacido.  Existe un peligro, que estuvo muy presente en el simposio, y que explicitó en concreto la ponencia de John Fletcher: la de considerar que estamos ante un tema en que las opiniones existentes son divergentes y que, por tanto, debe dejarse a la decisión de las personas implicadas.  No puede negarse la existencia de opiniones plurales sobre  este tema, pero esto no significa que sean igualmente válidas.  Aquí está presente un importante peligro de la reflexión estadounidense, muy condicionada por su pragmatismo y por la conciencia de la existencia de una sociedad plural: la de dar por cerrado un debate que debe ser resuelto de acuerdo con las propias opciones individuales.  Consideramos que la realización del proyecto Genoma no puede eludir este problema, intentando darle una respuesta basada en fundamentaciones éticas y no en medidas pragmáticas.


4.6.4.     Las patentes de secuencias de genes

En los últimos meses ha surgido con fuerza una aspecto de la problemática de los intentos de patentar secuencias de ADN que han sido descifradas en torno al ambiciosos proyecto del genoma humano.

Como afirma Lacadena, desde hace tiempo se habían patentado variedades de plantas obtenidas mediante mejora, sin que se pusiesen objeciones a ello.  Los problemas surgieron al comenzarse a patentar bacterias o ratones.  Sin embargo, la polémica se desata el 20 de junio de 1991, cuando J. Craig  Venter, de los NIH estadounidenses, presentó en la oficina de patentes de su país la solicitud de patentat 337 nuevos genes.  En realidad no ha secuenciado todo el gen, sino solamente el fragmentos de ADN que se expresa en las células humanas (dejando de lado, por tanto, lo que algunos han calificado como “basura”).  Hay que subrayar que en su laboratorio de pueden secuenciar 75.000 pares de base diariamente.  Con este ritmo. Venter pudo presentar en febrero de 1992 a la misma oficina de patentes la secuencia, igualmente parcial, de 2.375 genes que se expresan en células del cerebro.  Nadie puede discutir a Venter la originalidad de su procedimiento, pero hay un elemento que agrava la situación: hasta el momento se desconoce para qué sirven los genes que ha secuenciado de forma parcial.  Como consecuencia de ello, la pretensión de Venter no cumple un requisito exigido para las patentes: que se trate de una invención que tenga una utilidad concreta.

Esto ha significado que la paz y la armonía, con la que aparentemente se estaba desarrollando el proyecto Genoma, se ha roto.  Puede decirse que ha estallado la guerra entre las instituciones implicadas.  El grupo francés que trabaja en el proyecto ha amenazado también con patentar las secuencias conseguidas; se ha sabido que el Medical Research Center británico tenía proyectado cobrar tasas a los investigadores que deseasen tener acceso a su banco de datos con 2.000 genes humano.  El presidente británico de HUGO se ha declarado favorable a tal estrategia, en contra de su homólogo estadounidense J. Watson, que ha calificado este paso como “una monstruosidad.  No se dan cuenta de que están jugando con fuego… Esto pone en serio peligro la colaboración internacional sobre el genoma humano al crear recelos entre los investigadores, situación que dificulta enormemente el intercambio de información entre ellos”.  Watson ha acabado dejando la dirección del proyecto de su país en abril de 1992.

Obviamente, detrás de todo ello hay enormes intereses económicos –que han significado nada menos que el Nobel Gilbert haya sido “empresario del año” 1991 en EEUU- .Se está abriendo paso hacia una nueva farmacología, que toma como base el conocimiento de las secuencias del ADN humano.  En ese sentido puede decirse que la secuencia de ADN se convierte de alguna forma en el troquel de un nuevo producto farmacológico.  Es un paso más en la desacralización del ADN humano:  no solo se puede “tocar”, cortar y pegar, sino que se convierte, de alguna manera, en “material prima” para conseguir los fármacos del futuro.  Desde esta perspectiva no parece que se puedan poner objeciones absolutas a este nuevo tipo de patentes, dejando de lado por ahora el problema adicional del que no se conoce para qué sirve la secuencia que se ha conseguido leer.

Al mismo tiempo, y aunque nunca se ha explicitado suficientemente su fundamentación, hay un principio de ética médica que lleva a afirmar que lo íntimamente relacionado con la vida humana no puede convertirse en objeto de compra-venta.  Muchas legislaciones potencian y favorecen los trasplantes de órganos, pero se subraya que debe realizarse siempre en un ámbito de donación, y no se acepta por ejemplo, la venta de riñones.  Esa misma filosofía parece en torno a las técnicas de procreación asistida, al rechazarse la  compra-venta de gametos o embriones.  Y en el tema de la maternidad subrogada se ha argumentado siempre insistiendo en que el embarazo no puede equipararse a un “alquiler” por el que se paga una renta durante nueve meses.  Detrás de todo ellos hay, al menos implícitamente, la vivencia de que la dignidad del ser humano impide que se convierta en objeto de especulación comercial.  Pero hay que reconocer que en nuestro caso, lo que está en juego son meros fragmentos de ADN  humanos, que han adquirido un inusitado interés farmacológico.  Como ha afirmado el español M. Vicente: “Cuando se trata de hacer negocio, todo es admisible… Poco les importa a las multinacionales que el material del que depende la especie humana sea un patrimonio de todos.  No por esto se van a parar.  Ya buscarán la forma para comercializar todo lo que pueda”.

Preocupa mucho más el tipo de sociedad al que puede llevar toda esta evolución.  Dejar todo el asunto en manos de los intereses de las industrias farmacológicas, movidas por los intereses puramente económicos, puede ser profundamente inhumano.  El peligro ya citado de colonialismo económico sobre los países pobres, es un tema tan grave como el sanitario.  Es indiscutible y exige, como mínimo, la intervención de medidas correctoras por parte de la sociedad que está obligada a velar por el bien común del hombre de cualquier raza y nación.

4.6.5.     A modo de balance final

En el mismo comienzo del simposio de Valencia, Watson afirmó que no venimos al mundo determinados por nuestros genes, ya que el ser humano posee libre albedrío y está dotado de libertad.  Por otra parte, aunque afirmemos que todos los seres humanos somos iguales, esto no es verdad desde punto de vista genético.  No podemos negar que existe una injusticia genética, ya que los genes de unas personas son más favorables que los de otras.  Watson se preguntaba que vamos a hacer con estas diferencias genéticas y quién va a responder de la existencia de tales diferencias.  El fantasma de la eugenesia nazi, que también se dio de forma dramática en EEUU, estuvo muy presente en varias ponencias y en no pocas intervenciones, como el gran riesgo que puede derivarse de este mayor conocimiento de la genética humana.

Existe el peligro del “geneticismo” o determinismo genético, de supravalorar la importancia de los factores genéticos en el desarrollo de las personas y de su calidad de vida.  En muchísimos casos, la actuación de los genes va a depender de forma muy importante de su interacción con el ambiente.  Existe el peligro de hacer depender todo de los genes,  y descargar sobre ellos la culpabilidad de los males que aquejan a los individuos y a la sociedad.  Por eso nos pareció muy importante, tanto la intervención de Watson como la de otros científicos, que insistieron en que los genes no suplantan a la libertad humana.  Los males de nuestra sociedad no dependen, sólo ni en primer lugar, de nuestro patrimonio genético, sino de la forma cómo nuestra libertad actúa en nuestras relaciones interhumanas.  Como afirmó E. Lander; “A pesar de la importancia de los genes, tenemos el libre albedrío y la genética no nos libera de la responsabilidad.

W. Bartolomé se preguntaba en su ponencia: ¿Sabemos dónde queremos caminar con el proyecto Genoma? ¿Qué enfermedades genéticas queremos evitar? ¿Qué objetivos tenemos y quién los determina? ¿Para qué queremos un mapa genético si no sabemos bien hacia dónde caminar? Por otra parte, la gran carga del actual sufrimiento de la humanidad no se debe a las enfermedades genéticas, sino al hambre y la miseria que asola cifras muy importantes de la humanidad.  El tener ante los ojos otros mapas; los de la miseria y del hambre, que dependen de la libertad humana.  Y, sobre todo, ¿no nos falta el mapa que nos marque el destino humano, que nos indique cuáles son los verdaderos valores que pueden realizar a la persona?


El debate ético concreto sobre los problemas que plantea el proyecto Genoma es, sin ningún género de dudas, muy importante.  Simposios como el de Valencia, son muy valiosos.  Pero suscitan el interrogante de si no nos lleva también a una colonización por parte de la comunidad científica y ética estadounidense.  Se ha insistido en que un problema ético, planteado por el proyecto Genoma, en que puede significar un elemento adicional para hacer más profundo el abismo que separa a los países ricos de los pobres.  Sin negar los grandes méritos de la reflexión bioética estadounidense, existe el peligro de que pese exageradamente en el debate ético sobre el proyecto Genoma.  Y es importante subrayar que el discurso ético estadounidense está muy marcado por las características culturales de aquel país, que debe ser completado por le procedente de otros países.